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EN RUTA POR EL CAMINO SANABRÉS – Año Santo Xacobeo 2010

Hay determinadas cosas que la gente nace deseando hacerlas. Vienen adosadas cual lastre genético desde la placenta, y nos reconcomen lentamente a pesar de nuestra renovación de fe anual a la hora de las uvas y campanadas. Que si el tabaco ni probarlo, al gimnasio a diario, empacho de literatura… Cada año que pasa es una bofetada a nuestra autoestima pero, bajo nuestra creencia inconsciente de inmortalidad,  nos negamos a dejar de abrazar la esperanza.

Algo así me sucedía con el Camino de Santiago. De tantos planes fallidos, llegó a resultarme de mal gusto hasta la publicidad masiva del escurridizo Xacobeo. No me gusta esperar sin razón, y no tenía sentido desaprovechar más oportunidades. Así que en vista de que el próximo Año Santo será en una tonelada de días, por fin conseguí unir mi mente desequilibrada a otra afín para cumplir el trayecto mínimo de una peregrinación legendaria. Han sido unos días espectaculares donde fusionarse con el melancólico paisaje gallego, en una ruta preciosa que te sumerge en un entorno natural único y desbordante. Los fondos de escritorio para tu ordenador por fin tienen competencia.

Teníamos algunas dudas. La masificación agobiante del ‘Camino Francés’ parecía ser la opción más valorada por la mayoría de peregrinos, pero haciendo valer aquello de que ‘el Camino sale desde la casa de uno’, optamos finalmente por el recorrido Sanabrés partiendo desde Ourense. La soledad, dureza y belleza inigualable de las etapas hasta Santiago acabaron por ratificarla como una opción más que recomendable.

Hay cientos de guías en línea, libros y teléfonos donde consultar todo lo relacionado con las diferentes rutas hacia Compostela. Son un buen medio de preparación para un viaje que, por otro lado, siempre va a estar plagado de imprevistos. Para aquellos que no cuenten con demasiado tiempo, la ruta desde la ciudad orensana se adapta a la perfección. Cinco días (cuatro si vas con prisa) en un trazado magníficamente señalizado, con unos paisajes de ensueño y unos desniveles de terreno interesantes pero para nada amenazadores. Lo tradicional es levantarse con el canto del gallo y caminar hasta el próximo albergue, donde se descansa hasta el día siguiente.

Las recomendaciones básicas hablan de una mochila con el menor peso posible (10% del peso del caminante como máximo). Los albergues, además de baratos, están excelentemente equipados y podrás lavar tu ropa para evitar cargar con peso muerto. En invierno es inevitable un aumento de armario, pero siempre es preferible quedarse corto. Cuando las piernas pesen (y van a pesar mucho), una espalda relajada es un privilegio glorioso.

El calzado es un debate en sí mismo. Mis tenis de 20 € del ‘Décimas’ aguantaron el tirón sin problemas, si bien acabaron por destrozarme los talones. Las famosas botas de ‘trekking’ suelen rendir bien, pero lo único fundamental es calzar algo cómodo y, sobre todo, usado anteriormente. Carga agua, pero no te pases a no ser que seas una esponja andante. Crema solar, gorra y algún alimento energético que otro. Sobre todo, mesura.

Recuerda que el Camino de Santiago no es una competición. Marca un ritmo en el que estés cómodo y no hagas de la experiencia un maratón diario. Mira a tu alrededor y empápate de las maravillas que se te ofrecen. Atención a las primeras cuestas del ‘Camiño Real’ en Ourense. Si te las tomas con demasiada alegría, quizá lo pagues el resto del viaje.

Ante la lluvia, poncho barato y sonrisa en la cara.  Saluda al gran Orlando en Cea y firma en cada libro de los albergues, es agradable leer las historias tras una dura jornada caminando. Mucho cuidado con los ‘cantores de Viena’, por poco dinero te puedes hacer con unos tapones anti-ronquidos asesinos en cualquier farmacia. Muy recomendable la visita al monasterio de Oseira. No es el trazado más directo, pero merece la pena hacerse con el sello de este histórico edificio dirigido por monjes cistercienses. 

Absorbe las historias de todos los caminantes que te encuentres. No serán demasiados por esta ruta (entiéndelo como una ventaja), aunque la conexión con la ‘Vía de la Plata’ hace frecuente la presencia de muchos andaluces y extranjeros con ganas de paseo largo. Acompaña tu mente abierta de una linterna, unos sobres de ‘espidifén’ y un secador enano (lo entenderás cuando le des de beber a tus zapatos…).

No hace falta un entrenamiento especial para abordar esta aventura, pero siempre ayuda estar en la mejor forma física posible. De todas formas, seas como seas, y partas de donde partas, llegarás reventado a la capital gallega. Eso sí, cuando la catedral santiaguesa se distinga entre la bruma, cualquier debilidad se la llevará el viento. Ya sea por motivos religiosos, deportivos o cualesquiera que sean las razones que te han empujado a hacer el Camino, pisar la plaza del Obradoiro es una satisfacción inmensa en el final de una experiencia única. ¡ULTREIA CAMIÑANTES!

noviembre 10, 2010 Publicado por | Sociedad y Cultura | , , | 2 comentarios

   

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