CRISIS EN 3D – Las tres dimensiones reconquistan el cine
La industria del cine no pasa por su mejor época. El séptimo arte cuenta cada año con menos espacio para artistas de la imagen y el guión subsistiendo mediante superproducciones que mitiguen su evidente agonía. Los cines españoles se han convertido en picaderos de lujo, salones fantasmagóricos repletos de butacas cinéfilas libres de posaderas que les impidan el visionado. Es cierto que genera cierta molestia el observar alguna cabeza ennegrecida o el sonido de un catarro mal cuidado, pero con los Screener cualquiera puede disfrutar de un estreno incluso antes de que aparezca en su barrio. Y luego, a poco que uno sea paciente, llegan los DVD rip (o R.I.P. según se vea) para que los Ares y Emules del mundo se alíen en pos de la mejor calidad de imagen al económico precio de… nada. Obviamente, comparándolo con el infumable valor de una entrada de cine o la de una descafeinada versión en DVD, poco suele importar al usuario el esfuerzo de bajar el largometraje tras algunos “fakes” pornográficos previos (nota del autor: las descargas por Internet son ilegales, este texto no las apoya en absoluto. Es más, estamos seguros de que condenan el alma del usuario y, como las masturbaciones, producen un acné del carajo. Venga, a denunciar a vuestra santa madre…)
En un panorama como el actual, cualquier añadido supone una oportunidad nueva de enderezar el rumbo, y aunque esto huela a viejo, el cine en 3D es la ultimísima coletilla publicitaria que se ha impuesto en todas las carteleras del país. Todo intento creativo merece mi respeto, así que ayer no dude en acercarme a ver la última producción de los genios de Pixar, “Up” (o mucho más infantil que el resto o servidor está mucho más viejo que antes), y de paso valorar personalmente las maravillas prometidas por el invento de marras.
Entramos cuando ya las sombras presagian una ristra de avances (“trailers”) y se puede sobar a la parienta a gusto, por lo que apenas me dio tiempo a distinguir unas manos que me ofrecían gentilmente una especie de gafas a lo Cousteau pero sin bombona de oxígeno. A mí me entró la nostalgia recordando a mi querido Pentium 75, que venía con sus gafitas de cartón con un cristal rojo y otro azul, en las que ver volúmenes era más una cuestión de fe que tecnológica. A un colega mío, en cambio, le hizo maldecir en varias lenguas imaginándose sentado en la butaca con su doble juego de gafas (benditas lentillas). Ya acomodados, iniciamos el visionado con la esperanza de ver recompensado el aumento desproporcionado en el precio de la entrada.
Es bonito. Interesante. Digno de ver y con muchas posibilidades. Obviamente, ninguna semejanza con mi viejo ordenador y su juego de dinosaurios rojos y azules. La sensación en tres dimensiones se consigue gracias a un juego de gafas polarizadas, mediante las cuales vemos una película diferente en cada ojo, como dos largometrajes distintos superpuestos. De esta manera, engañamos al cerebro y obtenemos una sensación artificial de profundidad que se hace especialmente agradable en planos generales o panorámicas, donde el inconfundible cosquilleo de estar asistiendo a algo nuevo nos invade con más fuerza. Si nos quitamos las gafas podemos comprender con mayor facilidad este fenómeno, con una mezcla borroso – nítido que permite distinguir las dos capas en las que está dividido el filme. De igual modo, si tapamos uno de nuestros ojos observamos como el efecto desaparece, ya que la polarización perdería su eficacia. Gracias a la evolución conseguida con el sonido envolvente, la acción conjunta permite escenas de gran espectacularidad.
Es evidente que la animación es el género donde esta técnica se desenvuelve con plena libertad, lo cual limita su expansión al resto de largometrajes. Otro problema surge en el precio desorbitado ante un efecto que no es totalmente revolucionario (mi tiranosaurio virtual era gentilmente cutre, pero ahí estaba una década antes), y no parece que incrementar el gasto sea en estos tiempos la solución idónea para combatir la piratería.
Veremos en qué termina la renacida fiebre por el 3D, que ya muchos cines han marginado por completo en sus salas hasta que los chinos vendan las gafas con descuento. Sea como fuere, cualquier novedad es siempre una alegría, y aunque sea esporádicamente, es recomendable invertir algún dinerillo y dejarse caer por alguna sala para ser testigos de este nuevo invento cinematográfico.
RECICLAJE VIRTUAL
Estás son 5 películas. Las encontré a punto de jubilarse en un DVD que un buen colega me pasó hace dos años. ‘Paradise Now‘, ‘Miedo y Asco En Las Vegas‘, ‘Old Boy‘, ‘Kids‘, ‘El Profesional‘ y ‘Living’ Las Vegas‘. Quizá exceptuando la dos últimas son filmes de distribución independiente y escasa repercusión mediática. Las vi esta semana consecutivamente, y la experiencia ha sido curiosa, desafiante. No resolverán tu vida, pero quizá te hagan replantear algunas respuestas irrefutables (temporalmente, claro, el tiempo vence a casi todo). Sé que existen diez millones de filmes mejores en el planeta, pero yo los dejo aquí tirados como mi amigo hizo hace dos años. Para esto es internet, ¿no?








