“LA CAJA DEL HOMBRE TONTO” – XIX concurso de micro-relatos
Había sido una cena de lo más agradable. Ambiente acogedor y menú sobresaliente en el mejor restaurante vegetariano de la ciudad olívica. Además del estómago satisfecho, me llevé las bases del concurso de relatos breves que el Gálgala organiza periódicamente. Límite de diez líneas, tema libre a partir de una frase extraída de alguna obra literaria y cena doble para los ganadores. No tardé demasiado en regresar una vez que Beatriz, la simpática dueña, me informó del premio conseguido. Con regalos de esta clase, cualquiera le es infiel a la carne…
“Salieron a la carretera. Había huellas en la nieve. Las nubes protegían al Sol de la Tierra, y a pesar del agradable olor a bosque mojado, una sensación de miedo irreflexivo invadía sus almas. Demasiados largometrajes americanos a sus espaldas como para permanecer tranquilos. Laura tomó la iniciativa y abandonó con precaución la seguridad del automóvil. A cada paso que daba, el hielo le devolvía su particular sonido de queja por ser aplastado. A pesar de la densa niebla, recordaba perfectamente que antes del accidente había visto un resplandor a mano derecha. El rastro dejaba impreso sobre el terreno un par de botas de montaña del 45. Era él. No cabía duda alguna. Avanzó unos metros y obtuvo su recompensa. Allí estaba. Hipotérmico. Inmóvil. Maldito traidor. La arrancó con fuerza de su mano y regresó con su compañero. El refugio era ahora una quimera. Sin transporte, sin alimentos, sin esperanza. Laura sonrió con malicia. “Mira, se acabó el fútbol” Y en medio de la inmensidad de la nada, cual faro en el desierto, una pequeña televisión portátil volvió a escupir sus verdades ante su satisfecha y condenada audiencia“.








