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SÍ A BOLONIA – Europa unifica su espacio educativo


Focus on the speech

Cargado originalmente por MiCRoDiSea

Voy a dejar una visión tan superflua y radical como las que defienden muchos de esos oportunistas revolucionarios efímeros de discutible moral, que junto a verdaderos anti-sistema han enarbolado estos meses la desgastada bandera de protesta social. Yo estoy de acuerdo con el Plan de Bolonia, y además de convertirme en un neoliberal sin escrúpulos, parece ser que este pensamiento transmite mi sometimiento y debilidad ante el poder económico global. Millares de estudiantes han salido a las calles indignados ante las reformas educativas firmadas hace ahora una década por los ministros de educación europeos, alegando una masiva mercantilización del sistema educativo y un aumento de costes que convertirá a la universidad en un producto capitalista reservado a las clases altas. Ambos puntos son discutibles, y quede clara desde un principio mi desconfianza ante cualquier cambio que intente derribar la estructura mafiosa que impera en la mayoría de universidades españolas. El acuerdo firmado en la ciudad italiana pretende la construcción de un espacio universitario europeo común, homogeneizando su estructura e igualando resultados. Sin duda, el sueño de una Europa fuerte debe partir de un sistema educativo homologado que ofrezca opciones reales al estudiante que desee competir en mercados laborales ajenos a su país de nacimiento. La organización tripartita Licenciatura – Máster – Doctorado supone la absorción total de la estructura anglosajona, que aún no siendo perfecta es mucho más estable que el indignante panorama nacional, donde un título universitario o un máster no representan diferenciación alguna para el estudiante, en una sociedad infestada de graduados inútiles y frustrados ante su incapacidad laboral. La supuesta presión de un lobby formado por grandes compañías internacionales, que haya sacado sus garras e influenciado decisivamente a la hora de dirigir esta reforma, me parece un asunto exagerado, sobrevalorado y poco reflexionado. No se trata de promocionar ideologías, sino de ofrecer oportunidades de trabajo. Este proceso de adaptación a la empresa se ha llevado con gran éxito en los anteriormente demacrados Ciclos de Formación Profesional, que actualmente cuentan con un porcentaje de empleados inversamente proporcional a su prestigio social. De igual forma, no se debe caer en el error fácil hablando de la indignante manipulación (que ya existe) en vez de lógica comercial. La mayoría de licenciados actuales somos unos parásitos con cierta sabiduría, sin ningún tipo de enfoque profesional y perdidos en un océano empresarial una vez terminamos nuestros estudios. La falta de especialización nos convierte en un rebaño sin fisuras donde cuatro años de estudios pueden ser sustituidos por diez horas de tutoriales en Internet, generando una competencia feroz que permite a las élites económicas jugar con los salarios de los trabajadores. Es duro escuchar aquello de ‘es bajo, pero podría encontrar a mil que lo hicieran por mucho menos’. Esta falta de reconocimiento implica una clase universitaria apática e incapacitada para soportar sus responsabilidades sociales, más preocupada por sobrevivir que por aportar. Es ingenuo hablar del saber por el saber en una sociedad como la nuestra. No concibo la censura ni la represión a nivel alguno, pero no veo al demonio si las empresas exponen lo que necesitan con antelación y uno puede cursar un tercer grado que le permita aspirar a algo más que hacer cola en el INEM. Detesto la brutalidad del sistema capitalista y su deshumanización, pero promover la investigación es más democrático que condenarnos a la insignificancia. No creo que ello cambie nuestra percepción ideológica ni frene nuestro desarrollo intelectual. Todavía estamos lejos del mundo feliz de Huxley para todo aquel que así lo desee. Es paradójico que la lucha estudiantil se centre en defender el arcaico y oligárquico sistema universitario español, cuando nuestra fuerza debería emplearse en exigir que estos cambios que nos llegan, y en los que ya estamos inmersos, vengan acompañados de ayudas económicas que permitan que el acceso a máster y doctorado sea una cuestión de valía y no de recursos económicos. La privatización de la universidad no es una consecuencia natural de esta reforma académica, es un puñetazo más en los morros por parte del sistema capitalista en el que nos encontramos. Defiendo la universidad pública como tesoro de cualquier Estado, pero no se va a mantener sólo con buenas intenciones, y las crisis económicas y la falta de voluntad las van a convertir en objetos de museo incompetentes. Necesitamos un sistema público como el japonés o el brasileño, donde los centros universitarios estén organizados y sean el principal foco de referencia para los estudiantes. Una institución fuerte y con recursos, que no tenga miedo de procesos como el de Bolonia porque desborden sus capacidades. Defender el patrimonio de todos no significa cargar contra lo privado, esa es una guerra perdida. Para ser fuertes debemos desarrollar lo público, hacerlo competitivo desde dentro. Y si nadie está dispuesto a ello, si nadie realmente va a ir más allá de lo evidente y lo banal, en ese caso, bienvenido Mr. Marshall.

marzo 27, 2009 Publicado por | Sociedad y Cultura | , | 2 comentarios

   

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